Una novela perfectamente encuadrada dentro de la literatura del siglo XXI, que juega, que se atreve en un mar agitado y sale airosa. Como novela modernísima (o postmodernísima) no se preocupa por géneros: toma del detectivesco, del cine clásico, la crónica roja, la pequeña historia y a todo esto le inyecta humor y terror, en una demostración lúdica y fenomenal de lo que puede hacer un escritor de nuestros tiempos sin caer en hermetismos vacíos y sin darle la espalda a sus lectores. Porque Un vampiro en Maracaibo es un libro ágil, divertido, terrorífico y cinematográfico (ya tiene su primera versión dirigida por Carl Zitelmann). Pero, al mismo tiempo, parece decirnos Olivar, la realidad es horrenda y maravillosa. Su viejo policía y su historiador, están conscientes de esto y nos la muestran reinterpretada e imbuida de esa ambigüedad múltiple y contradictoria.